Rivera ha hecho lo que tenía que hacer. Le ha sobrado ego y alharacas y le ha faltado autocrítica en el adiós, pero se ha marchado. ¿Consecuente? Bueno, digámoslo así por mera elegancia. En seis meses, Ciudadanos ha pasado del todo a la nada, del cielo al infierno. Y todo debido a las incoherencias, vaivenes y cambios de aire según por donde soplara del viento de su líder, Albert Rivera. Una pena. El primitivo Rivera, el socialdemócrata, el centrista, el reformista y regeneracionista llegó a ser una esperanza frente a un bipartidismo desgatado, que se parecía mucho al turnismo caciquil de finales del XIX e inicios del XX. Pero cometió el gran error que ahora le ha llevado al abandono de la vida política: creer que podía ser la alternativa real al corrupto Partido Popular. Sí, es cierto, estuvo a punto de dar el sorpaso, pero a partir de ahí, Rivera optó por la derechización y la radicalización, abandonando el espíritu centrista basado en el diálogo y la negociación. Fomentó e impulsó la santa alianza de la derecha contra la izquierda y, al final, el tercer socio, el innombrable, Vox, se lo ha comido. Rivera se marcha fruto de sus errores y no es ningún mártir. ¿Coherente? Bueno, digámoslo así. Seamos generosos en la huida. Rivera es la primera víctima política del ultranacionalismo español. El monstruo que él, y otros, han creado.
Bien, bueno ¿y ahora qué? Ahora está en juego la gobernabilidad del país. Ciudadanos ha pasado a ser una potencia política de cuarta fila. En vías de disolución y con muy poco qué decir en la fórmula para sacar adelante un Gobierno estable y fuerte. Porque de eso se trata. Porque el otro damnificado de la noche del 10N ha sido el presidente en funciones, Pedro Sánchez, quien ha obtenido una victoria amarga, pírrica, insuficiente, débil, que le aboca a actuar bajo una enorme presión. Él convocó de forma irresponsable unas elecciones generales en busca de un refrendo general a su estrategia. Y ha salido trasquilado. Hoy está más débil políticamente que hace una semana. No sólo el PSOE se ha dejado por el camino tres escaños sino mucha credibilidad, respetabilidad y, sobre todo, capacidad para reilusionar a una ciudadanía harta y hastiada. Y ¿ahora qué? Se preguntan los ciudadanos que han cumplido por dos veces su cometido democrático de ir a votar. Los culpables no son los votantes que no saben lo que votan; no, los culpables son los políticos que no entienden que el mensaje de los votantes no es otro que sus representantes se sienten a la mesa, que dialoguen, que negocien y que lleguen a acuerdos; que dejen sus egos en el perchero y que se arremanguen las mangas de la camisa. Que sean imaginativos para sacar al país del atasco en el que se encuentra.
Y Sánchez es el que tiene la responsabilidad de hacer posible el desbloqueo, porque ha ganado otra vez las elecciones. Y no puede escudarse en que son los otros los que bloquean. Si, al final, no logra dar con la tecla adecuada, ya sabe o que tiene que hacer. Rivera le ha marcado el camino.
Sánchez debe de hacer política de una vez por todas y dejar de presentarse ante los españoles como un mártir de las circunstancias, como el niño que sus compañeros no le ajuntan en el patio del recreo. Debe convertirse en lo que hasta ahora no ha sido: un líder.
Sólo un apunte sobre el 10N en León: el reiterado fracaso de la UPL en su intento de dar el salto a Madrid. No basta con buenas intenciones, tal y como ha demostrado Teruel Existe. Hacen falta ideas claras, organización, planificación, maquinaria, implantación territorial, movilización, apoyo económico y mucha ambición. No creo que la UPL vaya a tener más oportunidades.
Espera un momentín no?, las calenturas no son buenas…Primero habrá que ver si las exigencias que le pongan para formar gobierno son imposibles, para abocarlo al chantaje o a nuevas elecciones, estrategias latentes en Podemos y PP, y por supuesto los independentistas, para desgastarlo de cara a esas posibles elecciones…una vez visto eso, veremos majete!.
El Psoe nunca quiso elecciones y fue quien más intento evitarlas.