Los incendios ya no son sólo en verano

Posiblemente este haya sido el verano con menos incendios forestales de la última década y creí que tenía que ver con que la sociedad había recapacitado sobre los daños irreparables que producen, tanto personales como naturales. Soy una ingenua. Tan sólo un día después de que la Junta de Castilla y León haya rebajado el riesgo de alto a medio de incendios, las llamas han puesto en peligro una Reserva de la Biosfera, el yacimiento arqueológico del castro de Chano y dos pueblos, Chano y Guímara.

Cuánto daño en sólo un ‘chas’, el de la piedra contra piedra de un mechero encendiendo el monte seco y llenando de humo e indignación una comarca entera. En el Bierzo somos muy regionalistas, muy de lo nuestro, y sin embargo no nos cansamos de destruir lo más maravilloso que tenemos, nuestro incomparable paisaje.

Tradicionalmente los vecinos del Bierzo se echaban a temblar cada vez que llegaba la época estival. Esa en la que el sol y el calor hacían brotar de repente el pirómano que parece que muchos llevan dentro. No sé si será el cambio climático o una irresponsabilidad creciente pero lo cierto es que los incendios forestales ni siquiera son sólo del verano. El año pasado fue uno de los peores que se recuerdan en la comarca en cuanto a número y gravedad.

Poco menos que nos tomamos las uvas con noticias de incendios en los medios locales. Llegó la primavera y se quemaron alrededor de 1.000 hectáreas sólo en el Valle del Silencio. La Tebaida berciana. En los meses de julio y agosto se llegaron a repetir más de 10 incendios en el municipio de Berlanga, y no creo que uno sólo de los otros 37 que componen la comarca se quedase sin un buen susto. Y el otoño, ¡ay el otoño! Arrancó con un incendio con hasta seis focos simultáneos en un símbolo ponferradino el monte Pajariel.

Este 2018 ha sido bien distinto hasta ahora. Me había hecho creer que somos capaces de aprender de los errores. ¡Qué equivocada estaba! El lunes por la noche vi arder el Valle de Fornela antes de acostarme. Ese pedacito de mi Ancares. Entiendo lo que habrán pasado todos los que tienen fijada su primera residencia en Guímara, Chano, Peranzanes, Trascastro… Luego pedimos a las administraciones que nos ayuden a fijar población en el medio rural berciano, ¡si los estamos echando por puro miedo a morir achicharrados! También habrán sufrido quienes tienen allí su segunda residencia, los ganaderos que tienen a sus vacas pastando… y mientras tanto el culpable campando a sus anchas. Pidamos a las administraciones competentes que tomen medidas, que erradiquen esta práctica antes de que no tengamos nada que defender y que los culpables paguen en su justa medida por tanto desastre.