Alejandro Cardenal La Deportiva no venció, pero convenció. El conjunto berciano empató ante la Cultural (0-0) en el Reino de León, rebelándose ante los pronósticos. Al derbi llegaban los locales presumiendo de ‘rodillo’ en casa –ocho victorias y un empate– y con trece puntos de ventaja respecto a los de Munitis, una distancia que nunca se reflejó en el campo.
El partido estuvo a la altura en cuanto a ambiente –más de medio millar de aficionados bercianos llenaron las gradas del Reino de León–, pero no en espectáculo. A la Cultural no le sentó bien saberse favorita –aunque no lo reconociera–, y la Deportiva no le dejó gustarse. Pedro Munitis repitió con defensa de cinco y esta vez, sin la obligación de llevar la iniciativa, los blanquiazules sí estuvieron a la altura.
No fue un partido brillante de la Ponferradina, pero sí muy eficaz. Mostró su versión más práctica y recordó en algunos momentos los primeros partidos de la era Munitis. Con las líneas muy juntas y un ‘plus’ de intensidad respecto a lo visto ante Izarra o Tenisca, los bercianos cortocircuitaron el ataque capitalino y tuvieron las mejores ocasiones de la primera parte.
El primero en probar suerte era Abel Moreno, otra vez muy activo, con un disparo que se marchaba muy desviado. Bastante más clara fue la de Figueroa. En una acción similar a la del empate ante el Izarra, el delantero remataba solo dentro del área pero no conseguía batir a Vallejo.
Tras el paso por vestuarios, la Cultural dio un paso adelante. Los locales, que tuvieron que hacer dos cambios en la primera parte por lesión (Toni y Julen Colinas), empezaron a combinar con más profundidad en el campo de la Deportiva, que aguantaba el tipo.
Dinu aprovechó el derbi para reivindicarse. El cancerbero rumano, que fue protagonista la semana pasada por encararse con parte de la grada, lo fue esta vez por desbaratar los escasos acercamientos de los culturalistas.
Y es que a pesar de que la Deportiva jugó con uno menos durante veinte minutos por la expulsión de Chavero, los blanquiazules supieron manejar el amago de asedio de los locales, que solo lograron romper el cerco con algún destello de Gallar y Benja, pero nunca amenazaron el resultado.