Como un canto a la libertad, un canto a esta tierra ha definido el pintor y muralista Manuel Sierra, hijo del valle de Laciana -Villablino, 1951-, el mural que en el año 2003 pintó en la avenida Sierra Pambley de la capital lacianiega que luce ya restaurado después de los trabajos de rehabilitación que, de forma totalmente altruista, el artista llevó a cabo la semana pasada y que han devuelto el esplendor a una obra herida, no solo por el paso del tiempo, sino que también por otras circunstancias como los vertidos que sufrió procedentes del huerto situado en la parte superior del mural o verse oculto tras los contenedores que durante años lo sumieron en un segundo plano.
“Estaba en un estado de abandono puro y duro”, tal y como ha confesado Sierra. El mural pedía la restauración a gritos. “Durante dieciocho años nadie se decidió a hacerlo”, reconoció el pintor, hasta que el actual concejal de Cultura, Jose Saavedra, emprendió la intervención. Y así, con todo el apoyo del Ayuntamiento de Villablino y la ayuda del lacianiego Rubén Márquez, Sierra devolvió la vida al mural, que en 2003, en el seno del curso de verano denominado ‘Muralismo de combate’ -que finalmente no llegó a celebrarse- pintó con la intervención de los alumnos. Lo hizo pese a la oposición del rector de la Universidad de León. Lo hizo por y para “el pueblo de Villablino, para los pobladores de aquí”.
Después de ciertos trabajos previos como la retirada de los contenedores de basura que tapaban la obra, la colocación de un tejadillo, el arreglo de la pared o el lavado previo del mural, el artista logró recuperar su aspecto original. “Lo he pintado de nuevo prácticamente”, admitía Sierra, “pero siendo fiel a lo que había”, siendo leal, también, a las formas geométricas y a los colores vivos que definen su pintura. Porque con esta obra el autor pretende “contar lo extraordinario pero también lo terrible, léase la mina o toda la gente que, quedó oculta en las cunetas, asesinada en la guerra o en la posguerra”.
Lo extraordinario es ese carro rojo que plasma en muchas de sus obras. Es esa gritsandana que simboliza el valle de Laciana o las montañas verdes, las nubes y los pájaros que esculpió en el mural y recuerdan que la comarca es Reserva de la Biosfera. “Yo soy hijo de esta tierra, soy hijo de este pueblo. Nací aquí y me siento muy orgulloso de estas montañas“, reconoció. De hecho la restauración del mural ha servido de “palanca para llevar a cabo otras actuaciones a lo largo y ancho de la villa”, adelantó Sierra, que ha estrechado lazos de colaboración con el Ayuntamiento de Villablino para futuras intervenciones.
Y la mano, por parte de la institución municipal, está extendida. Como ya lo estuvo para la restauración del mural. “Fue una iniciativa del equipo de gobierno socialista. Yo di el paso porque soy el concejal del área. Le dije que había que restaurarlo sí o sí”, defiende el edil de Cultura, Jose Saavedra. Ahora, “la misión de conservarlo en óptimas condiciones es nuestra y de la ciudadanía”. Porque, según termina diciendo Saavedra, “era algo necesario para el ámbito cultural del municipio”.