Las elecciones generales del 10N tienen una peculiaridad en la provincia de León: la candidatura leonesista de la UPL. Este nuevo invitado al totumrevolutum electoral convierte a estas elecciones en un hecho singular y abre, aún más, la incertidumbre sobre los resultados. León elige 4 diputados y 4 senadores. En abril pasado, el PSOE fue el claro vencedor con 2 diputados y 3 senadores. El PP obtuvo un diputado y un senador; y Ciudadanos se quedó con un diputado. Para entrar en el juego del reparto de escaños hacen alta en torno a 40.000/45.000 votos. Todo depende de la abstención. UPL necesita aumentar en unos 15.000 votos sus buenos resultados en las pasadas elecciones autonómicas. ¿De dónde puede sacar la UPL esos votos? Pues sólo del desencanto de los votantes hacia los dos grandes partidos nacionales y del desinfle que todas las encuestas vaticinan para Ciudadanos. Así y todo, UPL necesita una movilización electoral extraordinaria y va a ser difícil que lo consigan por un hecho fundamental: no han contado con El Bierzo, zona electoral imprescindible para lograr representación nacional. A estas alturas del partido, no se explica cómo la UPL no ha trabajado en los últimos años por crear una infraestructura sólida en El Bierzo o, en su defecto, lograr acuerdos electorales con partidos localistas autóctonos.
Es cierto que es una oportunidad única para que partidos localistas como la UPL puedan llegar al Congreso de los Diputados. Ahí está el ejemplo exitoso del atípico cántabro Ribera. Y siguiendo ese modelo, otras candidaturas localistas como Teruel Existe o Por Ávila lo van a intentar. Que UPL haga realidad su sueño de estar en Madrid serviría para hacer visible a León fuera del enquistamiento que siempre suponen las disciplinas de voto y de pensamiento de los grandes partidos. A ningún diputado o senador leonés se le pasa por la cabeza anteponer los intereses de la provincia a los de sus respectivos partidos. Eso sólo lo hizo, ya al final de su carrera, el senador popular Juan Morano y fue su tumba política. ¿Alguien se imagina la posibilidad de que el leonesista Luis Mariano Santos acuda a La Zarzuela a dar su opinión al Rey sobre quién debe ser el mejor presidente del Gobierno de España? De concretarse esta posibilidad, el voto de la UPL valdría un potosí en una situación de bloqueo como la que se ha vivido en los últimos meses y en la que un escaño solitario es oro molido en la suma de las mayorías necesarias, tal y como se ha de mostrado con los votos residuales de los cántabros o de los canarios.
Para conseguir este objetivo, la UPL ha presentado un programa electoral cargado de sentido común. Sólo han tenido que sumar las grandes reivindicaciones pendientes desde hace años en León y que los grandes partidos (PP y PSOE) no han sabido, podido o querido solucionar cuando han podido: la despoblación, la plataforma de Torneros, el Eje Atlántico, la reindustrialización, la alternativa real a las cuencas mineras, la universalización de la banda ancha en el mundo rural, la continuidad de las juntas vecinales, la Ciuden, San Marcos, el Emperador y un largo etcétera. La verdad es que no hay mucha imaginación en el programa, pero sí bastante realismo. Y, sobre todo, ahí está la experiencia del valor del único procurador de la UPL en las Cortes de Castilla y León. Su abstención en los presupuestos de la Junta siempre ha repercutido en la pasada legislatura inversiones concretas para los ayuntamientos gobernados por los leonesistas, de ahí los buenos resultados de la UPL en las municipales pasadas. O ahora o nunca. Así de claro y de tremendo.