En los años de la estabilización política de la Transición con los gobiernos socialistas de González, algunos sectores de la izquierda se quejaban del aburrimiento de la democracia asegurando que contra Franco se vivía mejor. Ahora puede suceder algo parecido. En primer lugar, por la obviedad de que el socialista Sánchez ha llegado al Gobierno mediante una moción de censura apoyada por un montón de partidos políticos, cada uno de su padre y de su madre, unidos por un solo motivo: el deseo de echar a Rajoy. Cumplido ese objetivo, ahora comienza lo verdaderamente complicado para Sánchez: gobernar con tan sólo el 24% de los escaños de un Congreso de los Diputados absolutamente fragmentado. Nunca en la Europa democrática occidental se ha intentado tamaña hazaña.
El reto político es enorme. El efecto político de echar a Rajoy ya se ha descontado a todos los niveles. La moción de censura es un recurso absolutamente constitucional y legal, las Bolsas han subido, la prima de riesgo ha bajado, la presidenta del Banco Santander ha tranquilizado a los mercados internacionales y todo hace indicar que Sánchez no permitirá que Podemos toque poder al más alto nivel y, además, las cuentas de la Hacienda catalana seguirán estando intervenidas por el Gobierno central. La designación de Borrell como ministro de Exteriores es otra buena señal. Borrell es un político de gran carisma y prestigio a nivel internacional, sobre todo en Europa, y su implicación en la defensa de España frente a los independentistas catalanes deja bien a las claras la intención de Sánchez de dialogar con los independentistas, pero no ceder ni un ápice en su concepto de una España unida.
Por todo ello, los socialistas leoneses están eufóricos. El triunfo de la moción de censura de Sánchez ha sido absolutamente inesperado. Por el contrario, en las filas del PP y de Ciudadanos reina el desconcierto, cuando no la pesadumbre y el derrotismo por la solución a una crisis política que ellos preveían de otra manera. Ahora, las cuentas de cara a las elecciones municipales y autonómicas de dentro de un año hay que hacerlas de otra manera. Quien ostenta el Gobierno central maneja la maquinaria electoral del Estado. Es una ligera ventaja, que ahora habrá que esperar a ver cómo se traduce en las encuestas electorales que se publiquen en los próximos días.
En el PP, la militancia leonesa está dividida, como a nivel nacional, entre quienes son partidarios de una catarsis total, es decir de la renuncia de Rajoy como presidente del partido y la celebración de un congreso nacional que renueve hasta los cimientos la estructura del partido; y quienes, por lo contrario, siguen confiando en la esfinge de Rajoy y esperan que el tiempo y las contradicciones internas devoren a un Gobierno socialista amparado por la suma de populistas, comunistas, independistas, antisistemas, extremistas de diverso pelaje y grupos sin calificar. Una auténtica algarabía.
Quizá por ello, la alcaldesa de Ponferrada, a falta de metas más importantes, ha anunciado un referéndum para que los vecinos decidan el grado de griterío con el que los aficionados podrán celebrar los goles de España en el próximo mundial de Rusia. Dios mío, qué país.
es probable que sea un periodo mucho mas placido y sereno de lo que parece para sanchez, ruido no es igual a nueces, ni trapos de colores a colorido y calidad en las telas. buena suerte a quien dirigira este periodo y juego limpio a quien sale y a quien no moja, dios y el diablo les recompensara.